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una semana, todo incluido

  • Lulu está feliz de estar en "Back on funky planet" (7b+).

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TURQUÍA – UNA SEMANA, TODO INCLUIDO

Cuatro alpinistas escapan del invierno a un paraíso vertical en Turquía, donde las rocas son sólidas, los días soleados y los picos largos. Descubre su itinerario con todo incluido y descubre por qué este viaje es mucho más que una semana de entrenamiento en invierno.

Podrías pensar que este viaje fue un tour, pero en realidad no tenía mucho de visitas con guías turísticos ni hoteles 5 estrellas con un brazalete de "todo incluido". Más bien, fue una oportunidad para los cuatro alpinistas, Lulu, Martina, Hias y Coco, para escapar de todo. Lejos del frío invernal de Europa y la neblina caliza de los gimnasios de escalada en Alemania. Cerca de la suave luz del sol y las paredes empinadas de Antalya, sabiendo que ahí encontrarán todo lo que hace feliz a un alpinista.

Para calentar, Lulu escala la "Poker Face" en el sector izquierdo de Sarkit. Teniendo en cuenta el nombre de la ruta, la más joven del equipo sube los 22 metros empinados sin pestañear. "No todas las 7a son como esta", le grita a Hias, quien espera con asombro, luego de subir la ruta. "Esta es una de las más difíciles".

"No lo creo", responde Hias. "En casa estamos a menos 10 grados centígrados" y una sonrisa se dibuja en su rostro. Una sonrisa que casi no se borra durante la siguiente semana. Mientras que el grupo se ajusta a la escalada tridimensional en las paredes salvajes de piedra caliza, un cielo azul se abre sobre ellos; una de las situaciones más normales en el sureste de Antalya.

Lulu ha incrementado involuntariamente el grado de dificultad en el segundo día de "calentamiento", al escalar la "White Spirit" una 7c+ de 35 metros. Hias, quien acababa de empezar, puede sentir la enorme diferencia que hay entre la escalada en piedra caliza en Turquía y las difíciles paredes en su Bavaria natal. "Solo tira de la pinza hasta la altura de los hombros", grita Lulu desde abajo. "¡Un poco más! Bien, ahora cruza". Sus órdenes van desapareciendo mientras Hias se sale del camino. "¡Es una pena! dice Hias a medida que su peso cae sobre la cuerda. Mira a Lulu, quien recita la secuencia de acuerdo a sus recuerdos, gracias a su memoria fotográfica. Pero algo le llama la atención.

¡Mira esa cabra! dice señalando hacia el valle. Todos voltean a mirar para notar que esta criatura peluda se está comiendo el banano de Martina. Todos se ríen mientras que la ladrona bala contenta y trota para unirse al resto del rebaño bajo el suave sol de la mañana.

Luego de dos soleados días llenos de rutas difíciles, el grupo decide tomar un día de descanso en la ciudad, sugerencia de Tobi, copropietario del campamento JoSito. Es domingo y los domingos son los días de mercado en Geyik. La plaza de mercado se torna colorida con los alpinistas nómadas del campamento. Las curiosas tiendas de madera agitadas por el viento forman una avenida sobre la carretera principal, forzando a los conductores a disminuir la velocidad a 20 km/h. El aroma de las almendras recién tostadas, los gözleme frescos -finos panes turcos- y una mezcla indefinible de té de hierbas y humo de shisha es algo exótico y tentador. Los chicos van directo a la tienda de té, mientras que las chicas se van de compras, fascinadas por la gran cantidad de coloridas ofertas de los vendedores. Esto es Turquía con todo incluido.

Coco está maravillado por otra razón. ¡Oye, Tobi!, dice girándose hacia el alemán y mirando por encima de su hombro hacia el oeste. "Esas cumbres de ahí están muy blancas, ¿se podrá esquiar ahí?

"Por supuesto", sonríe Tobi. "Y llegar ahí no es difícil. El camino del bosque sobre el campamento los lleva directo a Saklikent, la estación del valle del área de esquí de Antalya. Los picos pueden llegar a 2600 metros. Podríamos hacer un par de rutas en la tarde y luego darnos un chapuzón en el mar antes del atardecer. No hay muchos lugares en el mundo donde puedas hacer esto".

"Pero no trajimos nuestros esquís", dice Coco un tanto desilusionado.

Ir a esquiar deberá ser pospuesto un día más, pero el lunes el grupo saldrá a explorar una nueva zona. Klaas, un alpinista belga con mucha trayectoria en viajes, recomienda la "Güzel Manzara" o la "High Voltage". "Este primer pico es una buena forma de calentar para lo que se encontrarán en el segundo", se sonríe bajo el sol de la mañana. 15 minutos más tarde, Hias, cuyo inglés no es el más fluido, entiende lo que Klaas quiso decir. "Muy bien, una 6c para calentar y luego una 7c+ empinada en el segundo pico", comenta luego de haber empezado con la difícil escalada.

La segunda ruta puede ser difícilmente considerada como una excursión alpina, pero el estar descolgado sobre 50 metros en el aire y un tramo peligroso de 4 metros, hace que Hias ciertamente sienta el riesgo. Tiene que reunir fuerzas para realizar los movimientos finales y comienza a entender por qué la ruta tiene este nombre.

De regreso a tierra firme, el grupo decide que la idea del día anterior de ir a darse un chapuzón en el mediterráneo, tal vez no sea tan mala después de todo. El mar está a tan solo 50 kilómetros en auto, donde podrán darse un buen baño en agua tibia. Nada mal para estar a mitad de febrero. Pronto, alguien menciona un par de cervezas y regresan al campamento para celebrar toda la noche y beber cerveza turca. El campamento es un terreno internacional donde se encuentran alpinistas de Turquía, Noruega, República Checa, Suiza, Polonia y Alemania, hablando y brindando juntos.

En el fondo, un iPod reproduce música isleña. Hay internet gratis, pero a nadie parece interesarle. Por el momento, la interfaz humana tiene prioridad. Los alpinistas comparten historias y risas, disfrutando de su comunidad. Hias bebe un poco de cerveza y sonríe. "Siguen a menos 10 grados centígrados en casa", dice con una sonrisa en su rostro.